| Última revisión: 5 de octubre de 2006 | English version |
Internet Prayer Booklet |
![]() |
Según la mística italiana María Valtorta Jesús le dijo una vez: "La oración es una conversación del corazón con Dios -- y debe ser habitual". Usted puede y debe hablar a Dios en su propia manera; sin embargo, aquí hay unas oraciones tradicionales en caso de que le sean útiles.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Padre Nuestro, que estás en el cielo.
Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la
tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona
nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (Tuyo
es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.)
Amén.
Dios te salve, María; llena eres de
gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas la
mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por
nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como era antes, ahora, y por los siglos de los siglos.
Amén.
Creo en Dios Padre, Todopoderoso, creador del
cielo y de la tierra; y en Jesucristo su único Hijo nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació
de Santa María Virgen; padeció debajo del poder de Poncio Pilato;
fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos; al
tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los
cielos; está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso. Desde
allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón
de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.
Amén.
Oh mi Jesús, perdónanos nuestros
pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva todas las almas al
cielo, sobre todo las más necesitadas de tu misericordia.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados
hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de
lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra: vuelve a nosotros
esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. !Oh clemente,
oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo.
Antes de las comidas:
Bendícenos, Señor, y bendice
estos alimentos que por tu inmensa misericordia vamos a tomar, para que mantenido
nuestro cuerpo por ellos, nos dediquemos a tu santo servicio. Por Jesucristo
Nuestro Señor. Amén.
Acción de gracias, después de las comidas:
Te damos gracias, Señor, por todos los
beneficios que nos has dado y por los alimentos que acabamos de tomar, esperando
de tu bondad recibir un día la bienaventuranza eterna, así
como ahora recibimos el sustento corporal. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos
quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa
de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque
podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina
gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarame y cumplir
la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Acuérdate, ¡oh piadosísima
Virgen María!, que jamás se oyó decir, que ninguno de
los que han acudido a tu protección, implorado tu asistencia y reclamado
tu socorro haya sido abandonado de ti. Animado de esta confianza, a ti
también acudo, oh Madre Virgen de las vírgenes, y gimiendo
bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana,
¡oh Madre de Dios y Madre nuestra!, no deseches mis súplicas;
antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.
Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad divina me ha encomendado a ti, ilumíname, dirígeme, guárdame. Amén.
San Miguel Arcángel, defiéndenos
en el combate; sé nuestro auxilio contra la perversidad y las asechanzas
del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú,
Príncipe de la milicia celestial, lanza al infierno con el divino
poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que
vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Señor Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, Madre nuestra, me consagro a tu Corazón y contigo al Padre, mediante el Espíritu Santo, en tu Santo Sacrificio del Altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación por nuestros pecados.Y para que venga a nosotros tu reino. Te pido en especial por el Papa y las intenciones que ha confiado este mes al Apostolado de la Oración. Amén.
El Ángel del Señor lo anunció a María.
Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...
El Verbo se hizo carne.
Y vivió entre nosotros.
Dios te salve, María...
Rogad por nosotros, anta Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesucristo.
Infundid, Señor, vuestra gracia en nuestras almas, para que, pues hemos creído la Encarnación de vuestro Hijo y Señor nuestro Jesucristo anunciada por el Ángel, por los merecimientos de su pasión y muerte, alcancemos la gloria de la Resurrección. Amén.
El rosario es una oración más larga, compuesta de muchas de las oraciones dadas arriba. Al decirlas, meditamos sobre acontecimientos en las vidas de María y Jesucristo, misterios de nuestra redención.
Por supuesto, se puede meditar sobre cualquier
grupo de misterios en cualquier día de la semana; sin embargo, el
Papa Juan Pablo II ha recomendado que se recen alternativamente según
el día de la semana:
| Domingo Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado |
Gloriosos Gozosos Dolorosos Gloriosos Luminosos Dolorosos Gozosos |